DATOS GENERALES
Introducción:
Mientras nos adentramos en el Libro de Números, veremos que aquí se relatan muchos pasajes que ya conocimos en los libros de Levítico y Éxodo. Sin embargo, no se trata de una repetición, sino de un texto que mira desde otro ángulo los mismos hechos; abundante en números y nuevos detalles, sobre cómo Israel se organizó como nación luego de haber hecho un pacto con Jehová su Redentor en el monte Sinaí tras salir de la esclavitud en Egipto, y lo que ocurre durante su peregrinar por el desierto hacia la tierra prometida.
ESTUDIO
PRIMER CENSO DE ISRAEL
* Para determinar los tiempos bíblicos, tengamos en cuenta que, hasta este primer censo, la cronología de la redención de Israel va como sigue:
- Esclavitud: Habiéndose cumplido 430 años de la esclavitud de Israel en Egipto, el día 15 de abib (Nm 33:3), mes que Jehová estableció como el primero del año (en el calendario lunar hebreo; día que cae entre fines de marzo, abril o principios de mayo de nuestro calendario), el Señor liberó a los israelitas del pesado yugo de faraón, y los sacó de Egipto por mano de Moisés (Ex 12:2,37-38, 40-41), después de que diez plagas enviadas por Dios azotaron Egipto, siendo la última de ellas, la muerte de todos los primogénitos egipcios. Él ángel de la muerte no mató a ninguno de los de Israel, porque habían pintado los dinteles de sus casas con la sangre de un cordero sin mancha, evento conocido como la pascua, que, desde entonces, se conmemora cada 14 de abib (Ex 12:3-13, 29-30). Pasados unos días, Jehová dividió el Mar Rojo en dos, para que los israelitas pudieran cruzar al otro lado por suelo seco, pero no permitió que el ejército egipcio, que los perseguía, los alcanzara, y dejó caer el caudal de agua sobre los hombres del faraón, pereciendo todos (Ex 14:21-30).
- Pacto Mosaico: Tres meses después del éxodo, Israel llegó al desierto de Sinaí (Ex 19:1-2), y acampó delante del monte, donde Jehová entró en pacto con el pueblo, diciendo: "si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa" (Ex 19:5). Cuarenta días y cuarenta noches estuvo Moisés ante la presencia de Jehová, y recibió la ley escrita por el dedo de Dios en tablas de piedras, las cuales Moisés quebró al ver la transgresión de Israel de adorar un becerro de oro. Por segunda vez Moisés subió a la presencia del Señor, y nuevamente estuvo cuarenta días y cuarenta noches con el Señor, y escribió en nuevas tablas de piedra la ley que Jehová le dio para que el pueblo la pusiera por obra.
- Tabernáculo: Al año siguiente, el 1 de abib, se erigió el tabernáculo, con todos los utensilios que los hijos de Israel fabricaron bajo la supervisión de Bezaleel, de acuerdo con el modelo que Jehová dio a Moisés (Ex 40:17).
- Censo: El segundo mes de ese mismo año, es decir, un mes después de haberse erigido el tabernáculo de reunión, (esto es, entre los meses de abril y mayo en el antiguo calendario lunar hebreo), se llevó a cabo este censo en Sinaí, con el fin de que Israel se preparara para la guerra (vv.1-3).
Si comparamos los eventos descritos con la salvación que Dios nos da en Cristo Jesús, la secuencia es la misma, aunque tiene profundas diferencias, porque la segunda redención no es terrenal, sino espiritual, para salvación eterna; es lo que llamamos "Evangelio", es decir, la buena noticia de que, por medio de Cristo, tenemos reconciliación (paz) con Dios. La secuencia de la redención espiritual se da como sigue:
- Esclavitud: Nacemos esclavos de Satanás, porque la simiente de pecado de Adán se transmite de generación en generación (Faraón simboliza a Satanás, y Egipto, al mundo). El pecado se paga con la muerte eterna, pero Dios, que no quiere que el impío muera, sino que se vuelva de su mal camino, envió a su Hijo Jesús a dar su vida en ofrenda, como un Cordero inmolado, en propiciación por nuestros pecados, para que tengamos vida eterna en Él. Dios nos salva, no por cumplir la ley, sino por la fe en la sangre que Jesús derramó en la cruz, (representada por la sangre del cordero sin mancha pintada en los dinteles, que impidió la muerte de los primogénitos de Israel), que anula el poder de la segunda muerte sobre los hijos de Dios.
- Nuevo Pacto: Así como Moisés es el mediador del pacto de Sinaí, Jesús es el Ungido (Mesías), mediador del nuevo pacto que Jehová prometió por medio de sus profetas, pues, Jesús es el Hijo del Hombre que nunca pecó, por lo cual pudo abrir el camino que lleva al Trono de Dios, por medio de su cuerpo mortal ofrendado en la cruz, y haber vencido la muerte al resucitar al tercer día, convirtiéndose en el primer ser humano en resucitar para vida eterna, derrotando así al que tenía el dominio de la muerte, es decir, al diablo.
- Templo de Dios en la tierra: Cuando rendimos nuestra vida a Jesucristo, es decir, cuando creemos que Jesús es el Mesías que dio su vida por nosotros, Dios nos adopta como hijos del reino, y Su Espíritu Santo viene a hacer su morada en nuestro corazón, convirtiéndonos en templo de Dios en la tierra (ya no se trata de un templo construido por hombres, sino de la casa de Dios que, según la profecía, el Hijo de David (Jesús) edificaría para Jehová en la tierra con piedras vivas).
- Número de escogidos: No es posible hacer censo de los hijos del reino, porque somos incontables, como los granos de arena o las estrellas del cielo, y cada día ese número va en aumento gracias a la predicación del evangelio. Además, el creyente no libra las batallas como las libra el incrédulo, porque "las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2Co 4-5). No obstante, debemos prepararnos para la guerra espiritual, ya que, "no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Ef 6:12), por ese motivo, es que el evangelio enseña que, en vez de airarnos y entrar en pleito con nuestros enemigos en la tierra, debemos orar por ellos para que Cristo les alumbre, y vean su pecado. Aquéllos que consideramos nuestros enemigos en este mundo están, ya sea, bajo la influencia o bajo el dominio de Satanás, y, aunque no lo saben, a él están obedeciendo cuando nos ponen tropiezo. Conozcamos, pues, cuáles son las armas de nuestra milicia, siendo instruidos en la palabra de Dios, de modo que aprendamos a vestir correctamente la armadura que nos hace estar firmes en el Señor. Un creyente que no se nutre de la Palabra de Dios será fácilmente zarandeado, a pesar de tener el Espíritu Santo morando en su interior, pues, si no conoce a su Señor por medio de Su Palabra, no sabrá cómo enfrentar las amenazas, ni tendrá argumentos para defenderse ante el enemigo de su alma, y, aunque en Cristo es más que vencedor, sufrirá por causa de su ignorancia, y su fe puede verse seriamente afectada. No perderá su salvación, pero tampoco exhibirá las riquezas que tiene en Cristo.
** Entender la santidad de nuestro Dios se nos hace muy difícil, porque nuestro concepto de lo que es bueno está limitado por la deteriorada comprensión que tenemos de la verdad como criaturas caídas, que han sido esclavas del pecado por años. Por medio del relato de Éxodo, aprendemos que tan grande era el contraste entre la perfecta santidad de Jehová y la lamentable condición de la humanidad inmersa en el pecado, que el pueblo de Israel no soportaba escuchar la poderosa voz del Señor en el Sinaí, por lo cual, Moisés tuvo que tomar el rol de mediador entre Jehová y el pueblo; ni tampoco el pueblo podía tolerar ver el resplandeciente rostro de Moisés, cuando éste volvía de estar en la presencia del Señor, lo que motivó que tuviera que usar un velo para cubrirlo cuando se dirigía a los hijos de Israel.
Debido a esta limitada visión humana, nos parece muy duro cuando leemos que cualquiera que no fuera de la tribu de Leví tenía prohibido acercarse al Santuario, de lo contrario, moriría (v.51); esto porque el Santuario era el lugar donde estaba la presencia de Dios en la tierra, y nadie más que los levitas habían sido sometidos al rito de purificación para poder permanecer en aquel lugar.
No es diferente de lo que ocurre hoy, porque nadie que no haya nacido del Espíritu Santo podrá ver el Reino de los cielos. Jehová nos está llamando para servir en su templo santo, que es el cuerpo de Jesús, pero no podemos entrar en el templo si antes no nos hemos purificado en la sangre que Él derramó.
EL TABERNÁCULO EN EL CENTRO DE ISRAEL
* Los campamentos debían disponerse mirando hacia el tabernáculo, es decir, hacia donde estaba la presencia de Jehová. Del mismo modo, ahora, los que estamos en Cristo, debemos vivir nuestra vida con los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Esto quiere decir que, lo que hagamos, debemos hacerlo siguiendo su ejemplo. Por tanto, igual que él, quien, "por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (He 12:2), nosotros, "renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras" (Tit2:12-14 - énfasis añadido en cada cita).
LOS LEVITAS, TRIBU CONSAGRADA AL SEÑOR
* Recordemos que la tribu de Leví fue consagrada a Jehová luego del lamentable evento del becerro de oro, cuando, viendo Moisés que el pueblo se había pervertido, se puso a la puerta del campamento, y dijo "¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo" (Ex 32:26), y todos los levitas se unieron a Moisés, luego de lo cual, en obediencia a Jehová, se ciñeron la espada, y recorrieron todo el campamento, dando muerte a todos los que se oponían, sin importar, si se trataba de parientes o amigos. Aquel día murieron unos tres mil hombres. Entonces Moisés les dijo: "Hoy han recibido ustedes plena autoridad de parte del Señor; él los ha bendecido este día, pues se pusieron en contra de sus propios hijos y hermanos" (Ex 32:29 NVI - énfasis añadido).
Los violentos hechos ocurridos en esa ocasión no deben sorprendernos; primero, porque es sabido que un poco de levadura leuda toda la masa, es decir, el pecado se disemina fácilmente y, segundo, porque en tiempos de Moisés la maldad no tenía límites, porque no había ley que regulara la convivencia, por tanto, era necesario usar la espada para erradicar la iniquidad de en medio de la congregación.
Así fueron los hechos en el ámbito terrenal, pero, si miramos desde la perspectiva espiritual, toma otro sentido, porque la espada simboliza la Verdad, la Palabra de Dios que, como espada de dos filos, "penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (He 4:12-13). Sólo la espada del Espíritu puede matar al viejo hombre, y al mismo tiempo, dar vida al nuevo. Cuando abrazamos la fe de Cristo, Dios produce en nosotros hambre por Su Palabra, y así comienza a introducir en nuestro corazón esa espada que mata y da vida, que corta y que sana, que produce en nosotros tanto el querer como el hacer conforme a Su Voluntad, comenzando así una obra transformadora en el creyente que no se detendrá hasta el regreso del Hijo de Dios.
En cuanto al hecho de que los levitas dieron muerte a sus parientes y amigos que se opusieron a Jehová, recordemos que Jesús dijo: "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo" (Lc 14:26). Lo que Jesús está diciendo es que, el que decide seguirlo, no debe volverse atrás si los familiares o amigos se oponen. Si retrocede, evidencia que le importa más lo que tiene aquí en la tierra que la vida que Jesús le ofrece, y eso se llama idolatría, pues, ama más a sus parientes y amigos que a Dios.
** Cuando estudiamos el libro de Levítico, ya nos referimos al evento en que los hijos de Aarón murieron por ofrecer un fuego extraño (v.4), pero no está de más reiterar que, el fuego extraño se refiere a la idea que tienen muchos de que todos los caminos llevan a Dios, lo que es un error, pues, la Palabra dice claramente: "hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1T 2:5); y Jesús dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Jn 14:6). Lamentablemente, es muy común en estos días que se mezclen las verdades del evangelio con otro tipo de creencias, muchas veces, presionados por las tradiciones y supersticiones de nuestros pueblos, o por la influencia de las ampliamente difundidas creencias esotéricas y místicas. Es lo que se conoce con el nombre de sincretismo religioso. Los cristianos debemos ser muy cuidadosos en no caer en este tipo de pecado, y, más bien, ser celosos de la Verdad, y velar porque no se introduzca este fuego extraño en medio de la iglesia.
CENSO A LOS LEVITAS
Jehová también dio orden de censar a los levitas por clanes y familias patriarcales, considerando a todo varón mayor de un mes. Los hijos del patriarca Leví fueron tres: Gersón, Coat y Merari. Los descendientes de Gersón sumaron 7.500 varones mayores de un mes. Ellos acampaban al occidente, a espaldas del Santuario. Tenían la responsabilidad de cuidar la carpa sagrada del tabernáculo, con sus cubiertas y la cortina de la entrada, las cortinas del atrio que rodeaban el tabernáculo y el altar, la cortina a la entrada del atrio, las cuerdas y todos los accesorios relacionados con su uso. Los coatitas sumaron 8.600 varones. Ellos acampaban al sur del tabernáculo, y tenían a su cargo cuidar el arca, la mesa, el candelabro, los altares, los diferentes objetos utilizados en el santuario, la cortina interior y todos los accesorios relacionados con su uso. Los varones descendientes de Merari sumaron 6.200, y acampaban al norte del Santuario. Ellos tenían bajo su responsabilidad cuidar la estructura que sostenía el tabernáculo, los travesaños, los postes, las bases y todos los accesorios relacionados con su uso. También eran responsables de los postes del atrio y de todas sus bases, estacas y cuerdas. Delante del tabernáculo, al oriente, acampaban Moisés, Aarón y sus hijos, y tenían la máxima responsabilidad sobre el santuario en nombre del pueblo de Israel. Todo el que no fuera sacerdote o levita, y se acercara al santuario, sería ejecutado. La suma total de los levitas fue de 22.000 varones mayores de un mes. (3:14-39)
* Si sumamos el total de varones de las tres familias da 22.300, sin embargo, en el v. 39, leemos que la suma total de los levitas eran 22.000. Es probable que se trate de un error de los copistas del Antiguo Testamento, al señalar el total de algunos de los grupos familiares, porque, como veremos en el siguiente párrafo, cuando se consagra los levitas a Jehová en sustitución de los primogénitos de Israel, el número de los primogénitos supera a los levitas en una cantidad que confirma que la suma total de levitas era de 22.000. En la Biblia Nueva Traducción Viviente (NTV), al pie del capítulo 3, en relación con el versículo 28, donde dice que el número de los descendientes de Coat son 8.600, señala: "Algunos manuscritos griegos dicen 8.300..."
LEVITAS SUSTITUTOS DE LOS PRIMOGÉNITOS DE ISRAEL
* Bajo la Ley, el rescate se pagaba con dinero, pero en el nuevo pacto, la congregación de los santos llamados para salvación, fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir, "no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1Pe1:18-19). Nada podíamos hacer para ser redimidos, porque lo que consideramos nuestras mejores obras no pueden salvarnos, pero Dios, en su infinita misericordia, se compadeció de esta humanidad arrogante, corrupta y ciega, y pagó nuestro rescate enviando a su santo Hijo a morir por nosotros para darnos, por la fe en su Sangre, vida eterna en Él, y así consagrarnos como sacerdotes del Reino de los cielos.
FUNCIONES DE LOS LEVITAS EN EL SANTUARIO
De los Sacerdotes y los Coatitas
De los Gersonitas
De los Meraritas
* Así como para que el servicio en el santuario funcionara correctamente, cada grupo de levitas tenía responsabilidades bien definidas, también deber ser así en la iglesia: no todos tienen el mismo llamado, ni los dones recibidos del Espíritu Santo son iguales para todos, sino que el Señor a cada uno reparte como Él quiere; y el o los dones recibidos no son sólo para provecho personal, sino de toda la congregación.
SOBRE PURIFICACIÓN Y COMPROMISO
* Cuando hicimos el estudio del libro de Levítico, concluimos que la lepra, y otras enfermedades hacían referencia al pecado en distintas formas, y éste debe ser erradicado de la congregación. "Un poco de levadura leuda toda la masa", dijo el Apóstol Pablo cuando sentenció a un miembro de la iglesia de Corinto, a ser entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que su espíritu fuera salvo en el día del Señor; esto, por causa de su pecado de fornicación, del cual no había mostrado arrepentimiento. En cuando a los que, llamándose hermanos, seguían llevando una vida de pecado, viviendo desordenadamente, Pablo llamó a la congregación a alejarse de ellos, a juzgarlos según sus obras, y si no mostraban cambios, a expulsarlos de la congregación.
La ciudad santa, la novia del Cordero, está edificando sus muros con cada creyente como piedra viva, pero, dice la Palabra que "no entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero " (Ap 21:27). Así que, por el bien de todos los que están en la iglesia, es necesario amonestar, y ayudar a entrar en razón al que, llamándose cristiano, vive una vida disipada sin que eso le incomode, porque puede estar engañado, pensando que es salvo cuando no lo es, y su fin será la condenación en el lago de fuego.
* Dice que, en el caso que se pruebe la inocencia de la mujer, ella no recibirá la maldición, sino que será fecunda (v.28). Pues, así también sucede con los verdaderos hijos de Dios, los cuales se pueden reconocer por el fruto que dan. El buen árbol da buen fruto, el mal árbol da frutos malos. Cuando Santiago dice que la fe sin obras está muerta, está hablando de creyentes no regenerados. Ellos creen en Dios, igual que los demonios, los cuales tiemblan, pero no son salvos, porque lo cierto es que, creer no es lo mismo que tener fe, porque la fe mueve al creyente a la obediencia al Señor, en cambio, el que cree sin arrepentimiento, evidencia que su señor no es Cristo, sino él mismo, y que usa el Nombre de Jesús sólo como un medio para acallar su conciencia.
CONSAGRACIÓN A JEHOVÁ
Dios también entregó leyes que rigen sobre aquellas personas que hacen voto de nazareo, es decir, que se consagran al Señor por algún tiempo. El que se consagra a Jehová debe privarse de vino y de toda bebida alcohólica, o de cualquier producto de la vid durante el período de su voto. No debe cortar su cabello, que es señal de que está consagrado a Jehová. Durante el tiempo de su dedicación, no puede tocar el cuerpo muerto de ninguna persona, ni siquiera de padre, madre, o hermano(a). Si por accidente, el nazareo toca un cadáver, queda contaminado, y al séptimo día debe cortar su cabello, y llevar ofrenda al sacerdote. Así quedará purificado, y podrá comenzar un nuevo período de consagración, y dejar crecer su cabello nuevamente. Al término de su nazareato, ofrecerá la ofrenda correspondiente, y deberá cortar su cabello, y quemarlo debajo de la ofrenda de paz que presentó. Finalizado el rito, el nazareo podrá beber vino. El que se consagra a Jehová deberá dar cumplimiento al voto hecho conforme a la ley de nazareato. (6:1-21)
* El nazareo podía consagrarse al Señor de por vida o sólo por un período, dependiendo de los votos (promesas) que hacía. En Dt 23:21-23 se habla sobre las promesas hechas a Dios; si no las cumples es pecado, y más vale no prometer que dejar de cumplir una promesa hecha a Dios.
LA IMPORTANCIA DEL NOMBRE DE JEHOVÁ
* Observemos que cada bendición va encabezada por el Nombre de Jehová, y que el Señor dijo que, al hacerlo de esa manera, estaban poniendo Su Nombre sobre los israelitas para que fueran bendecidos por Él.
Esta misma oración, ahora podemos elevarla a Dios en Nombre de Aquél que Él puso como Señor nuestro, y mediador entre Él y nosotros, diciendo: "En el Nombre del Señor Jesucristo, Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Amén", porque Jesucristo es quien abrió el camino que nos lleva al trono de Dios, y Él es el Camino al Reino de los cielos, por eso dice la Palabra que todo lo que pidamos o agradezcamos en oración, debemos hacerlo al Padre en el nombre de Jesucristo.
OFRENDAS PARA SERVICIO EN EL SANTUARIO
* En el sistema levítico, la adoración se manifestaba a través de la ofrenda de cosas materiales, como plata, oro, animales para sacrificio, etc., pero todo eso tenía por finalidad simbolizar la completa entrega que cada creyente debe a su Señor y Salvador Jesucristo. La mejor forma de ilustrar esa consagración es la imagen de María de Betania, postrada a los pies de Jesús, derramando el precioso perfume de gran precio sobre la cabeza y pies del amado Hijo de Dios. Así como María quebró el frasco de alabastro para extraer ese fragante perfume que ofreció a Jesús, cada creyente debe venir con un corazón quebrantado a postrarse a los pies del Señor que lo llama, como el más humilde y agradecido siervo, anhelando, más que nada en el mundo, agradarle, por haber sido escogido y salvado de la condena a muerte que pendía sobre su cabeza.
* El arca del testimonio era un cofre de madera bañado en oro puro, donde se guardaban las tablas de la ley, cuya tapa era el propiciatorio, que estaba hecho de oro fino, y formaba una sola pieza con los dos querubines labrados a martillo, que iban ubicados en sus dos extremos, mirando hacia el propiciatorio, al que cubrían con sus alas.
Al respecto, es importante entender algunos simbolismos, para lo cual iremos a Génesis 3:22-24, donde leemos que, después del pecado de Adán, Jehová echó al hombre del paraíso a fin de evitar que éste, que ahora era un pecador, comiera del árbol de la vida y se volviera inmortal, y selló la entrada al huerto de Edén, poniendo querubines y una espada encendida que se movía por todos lados, para custodiar el camino que llevaba al árbol de la vida. Probablemente, los querubines del propiciatorio representaban a estos querubines que resguardaban el camino al árbol de la vida, que se refiere a la sabiduría de lo alto, que es la Palabra de Dios manifestada en la Ley y los profetas y hecha carne en Cristo Jesús, en quien está la vida de los hombres.
El arca con su propiciatorio iban en el Lugar Santísimo, cuya entrada estaba cubierta por un grueso velo, al cual nadie podía entrar, excepto el sumo sacerdote, una vez al año, con sangre de animales e incienso, para hacer expiación por él y por el pueblo. Es probable que, para hablar con Jehová, Moisés se ubicaba delante del velo, donde estaban el candelabro, la mesa de la proposición y el altar de incienso, desde donde escuchaba la Voz del Señor venir del propiciatorio ubicado al otro lado del velo.
Mientras permanecieran las cosas dispuestas de esta manera en el Santuario, significaba que aún el camino al cielo estaba cerrado para los hombres, y esto, debido a que la única ofrenda perfecta para hacer expiación, de una vez y para siempre, y reconciliar a la criatura (los humanos) con su Creador (Jehová), aún no se había manifestado. Tan grande sacrificio era el único que haría posible abrir, para los hombres, el camino que lleva al Lugar Santísimo, que es el cielo.
Pero Jehová nunca deja de cumplir sus promesas, y ejecutó su plan de redención sin retraso, en el tiempo por Él señalado, enviando a su Hijo Unigénito a nacer de mujer, y a vivir por más de treinta años como un ser humano normal, de carne y sangre, el cual debía cumplir cabalmente la ley, de manera que su perfecta vida sin pecado pudiera ser ofrecida en sacrificio, como propiciación para aplacar la Santa Ira de Dios contra nosotros los pecadores, y satisfacer Su Justicia, que decretaba que no tendría por inocente al pecador. Mas la Voluntad de Dios no es que el impío muera, sino que proceda al arrepentimiento y se salve.
Antes de que Jesús, el Hijo del Hombre, ofrendara su vida por nosotros, todos los seres humanos estábamos excluidos de la presencia de Jehová, condenados a pagar eternamente por nuestra rebelión en el fuego que no se apaga, pero cuando Jesús exhaló el Espíritu en la cruz, dice la Escritura que el velo que cubría la entrada al Lugar Santísimo en el templo se rasgó de arriba abajo, con lo cual Jehová estaba dando señal de que la muerte de Aquél que fue imputado por nuestros pecados satisfizo plenamente su Justicia, y que el camino al cielo quedaba abierto a todo el que lava sus vestiduras en la sangre del Cordero de Dios.
LA LUZ DE JEHOVÁ
* Éstas siete lámparas del candelabro que iluminan el Santuario, entendemos, representan el Espíritu séptuple de Dios (siete espíritus), que estaba en Jesucristo, de los cuales hablan diversos versículos en las Escrituras; "Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra" (Ap 5:6); "Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios" (Ap 4:5).
Hay cosas que no sabemos explicar, pero es muy posible que estos siete espíritus sean aquellos de los que nos habló Isaías, cuando dijo que, sobre el Mesías, iba a reposar "el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová" (Is 11:2).
Las Escrituras también nos dicen que en Jesucristo habitaba toda la plenitud de Dios. Así lo dejó en claro cuando inició su ministerio terrenal y, estando en la sinagoga, leyó el rollo del profeta Isaías, donde dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" (Lc 4:16-19, citando Is 61:1-3), luego de lo cual, dijo: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (Lc 4:21 - énfasis añadido en todas las citas).
CONSAGRACIÓN DE LOS LEVITAS
* Cada creyente es un sacerdote para Dios por medio de Jesucristo. Cuando por la fe vinimos a Cristo, arrepentidos, reconociendo nuestro pecado, fuimos purificados en agua de arrepentimiento, y nuestros vestidos, lavados y emblanquecidos en la sangre del Cordero de Dios. Nadie que no haya nacido de agua y del Espíritu puede ver a Dios, dijo Jesús. Cuando el nuevo nacimiento se produce, las viejas vestiduras del hombre de pecado, con todos sus hechos, deben ser desechadas, para luego vestirse de las ropas del nuevo hombre, escogido de Dios, santo, misericordioso, humilde, paciente, perdonador, el cual se va renovando, día tras día, hasta el conocimiento pleno, hasta alcanzar la estatura de Aquel que llamó, un hombre perfecto como Jesús, el primogénito de la Creación, la imagen visible del Dios invisible.
CELEBRACIÓN DE LA PASCUA
* Jehová dio, a los hijos de Israel que no pudieron celebrar la pascua por estar contaminados, y a los que estuvieron ausentes, la oportunidad de celebrar la pascua al segundo mes, el día catorce, entre las dos tardes.
¿Qué importancia tiene esto para nuestro estudio? Su importancia es que nos da mayor entendimiento sobre los tiempos del plan de redención. Muchos respetables cristianos afirman que hay un segundo tiempo de salvación para el Israel que rechaza a Jesús como el Mesías, que se concretará, dicen ellos, al final de los siglos, cuando Cristo regrese. Sin embargo, no somos pocos los creyentes que leemos algo muy distinto en las Escrituras.
Primero, porque a los hijos de Israel se dio el privilegio de recibir el evangelio primeramente, antes que a cualquier otro pueblo, pues, ellos fueron el pueblo escogido a quien Jehová les dio las promesas, el pacto y la ley; pero después que ya ningún judío quiso oír hablar de él, se comenzó a anunciar la buena nueva a los gentiles. Leemos al respecto en el libro de Hechos: "Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles" (Hch 13:46, entre otras escrituras). Sin embargo, insistimos, anunciar el evangelio a los gentiles no era el plan B de Jehová, porque lo cierto es que "No es que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino que: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no son hijos de Dios los que son hijos según la carne, sino que son los hijos según la promesa los que son contados como descendientes" (Ro 9:6-8); "sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham" (Ga3:7).
Segundo, Jehová no ha desechado a Israel para salvación, pero, dice la Palabra que "la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes" (Ga 3:22). También leemos: "como vosotros [los gentiles] también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos [los judíos], así también éstos [judíos] ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (Ro 11:30-32). En otras palabras, tanto judíos como gentiles estamos en las mismas condiciones de rebeldía ante Dios, y somos salvos sólo si hacemos caso al llamado al arrepentimiento y a creer en Jesús. El mismo apóstol Pablo dice que, las ramas del olivo natural [hijos de Israel] fueron desgajadas por su rebelión, pero que "si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar" (Ro 11:23), y esto está pasando en esta era de la salvación por Gracia, pues, judíos y gentiles somos salvos por la fe y no por ser hijos de Abraham según la carne.
Por último, porque, de acuerdo con lo que hemos aprendido hasta ahora, el tiempo "entre las dos tardes" (v.11) es el que estamos viviendo ahora, entre la crucifixión del Señor y su segunda venida. Hay varias escrituras que lo confirman, entre otras, cuando Pablo dice: "La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne" (Ro 13:12-14).
La segunda oportunidad para los judíos efectivamente está disponible, pero no es en tiempo futuro, sino ahora, pues, mientras los gentiles que oímos el llamado estamos entrando al reino, el remanente de los hijos de Israel también, cuando reconocen que crucificaron a su Mesías, se arrepienten, y se consagran a Él. Como dice la Palabra: "ha acontecido a Israel [los judíos] endurecimiento en parte [es decir, no todos, el remanente no fue endurecido], hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y así todo Israel [el de la fe, no de la carne; es decir, judíos y gentiles apartados para Dios] será salvo..." (Ro 11:25-26 RVR77).
** Cuando Jesús, nuestro Cordero pascual, fue sacrificado, sin saberlo, los líderes judíos que entregaron al Señor para que lo crucificaran, cumplieron totalmente lo que la Ley mandaba respecto al tratamiento de la ofrenda. Jesús fue arrestado, escarnecido y crucificado entre las dos tardes (v.11), es decir, todo sucedió entre el anochecer del día jueves y el atardecer del día viernes 14 del mes primero del calendario hebreo (mes de abib o nisán). Además, ninguno de sus huesos fue quebrado (v.12), pues, ya había muerto cuando se acercaron a él para quebrar sus piernas, con el fin de acelerar su muerte, como hicieron con los otros dos crucificados, ya que, era necesario bajar los cuerpos de las cruces para que no permanecieran colgados durante la noche, porque esa tarde se iniciaba la solemne conmemoración de la pascua.
LA PROTECCIÓN DE JEHOVÁ SOBRE EL TABERNÁCULO
* La nube nos habla de la protección de Jehová sobre su pueblo. De día, era una nube para darle cobijo y protegerlo contra el calor abrasador; y de noche, se tornaba como de fuego, para iluminar y para brindarles calor. Igual como guió a Israel por el desierto, cubriéndolo con una columna de nube en el día y de fuego en la noche, así es la protección que Jehová da a sus hijos a partir del momento en que somos sacados de las tinieblas a su Reino de luz. El Espíritu Santo que envió a morar dentro de nosotros nos guarda contra el mal, y nos guía por sendas de justicia. Nunca se aleja. De día y de noche está atento para fortalecernos contra las amenazas, y aunque no nos priva de las aflicciones, hace que todo obre para bien, porque toda aflicción del creyente tiene un propósito en el reino espiritual. Además, intercede por nosotros ante Dios en aquello que ignoramos que necesitamos, y que no sabemos cómo pedir.
También Jehová ordenó confeccionar dos trompetas labradas a martillo, que se usarán para convocar a la congregación, y para anunciar que hay que trasladar el campamento. Se harán sonar ambas para llamar al pueblo a reunirse con Moisés a la puerta del tabernáculo. Si se toca sólo una, significa que se está convocando a reunión sólo a los jefes de los clanes. Nadie más que los sacerdotes, descendientes de Aarón, pueden tocar las trompetas. Cada vez que deban continuar su viaje, las harán sonar. Una vez que entren a la tierra prometida, las harán sonar cuando deban enfrentar batallas, y el Señor los salvará de sus enemigos. También, las tocarán en sus fiestas solemnes, cada principio de mes, al presentar ofrendas, para que Jehová los tenga presentes. (10:1-10)
* En la Biblia, hay muchos versículos que hablan de toques de trompetas; pero los más llamativos son los que aparecen en Apocalipsis, referidos al toque de siete trompetas, seis de las cuales hablan de juicio; pero, cuando el ángel hizo sonar la séptima trompeta, dice la Escritura, "hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Ap 11:15).
El apóstol Pablo, cuando habla del arrebatamiento de la iglesia, dice a los creyentes: "os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad". (1Co 15:51-53).
PEREGRINAJE HACIA LA TIERRA PROMETIDA
* Es interesante notar el orden en que las tribus de Israel se dirigen por el desierto hacia la tierra prometida: el escuadrón que encabeza la caravana es el que marcha bajo la bandera de Judá. Los patriarcas de las tres tribus que conforman este escuadrón (Judá, Isacar y Zabulón) son hijos de Lea, la primera esposa de Jacob; le siguen los gersonitas y meraritas, descendientes de Leví, también hijo de Lea, que llevan el tabernáculo desarmado. Después, marchan los del escuadrón de la tribu de Rubén, hijo de Lea, que incluye a los de Simeón, también hijo de Lea, y de Gad, hijo de la esclava de Lea (Zilpa); seguidos por los otros descendientes de Leví, los coatitas, quienes llevan los utensilios sagrados del tabernáculo. Detrás, les sigue el escuadrón de la tribu de Efraín, hijo de José, el primogénito de Raquel (que fue estéril por muchos tiempo), conformado también por los de Manasés, primogénito de José, y los de Benjamín, hijo menor de Jacob, segundo hijo de Raquel. Por último, marchan los del escuadrón de Dan, primer hijo de la esclava de Raquel (Bilha), junto a los de las tribus de Aser, segundo hijo de la esclava de Lea, y Neftalí, segundo hijo de la esclava de Raquel.
¿Cuál es la importancia de esta información? Que aquí se vuelve a hacer referencia al orden establecido por Jehová para salvar. Lea y Raquel representan a Israel dividida en dos reinos: Israel al norte (al que la Biblia se refiere también como "Efraín") y Judá al sur. Ambas mujeres son hijas del mismo padre y esposas del mismo marido, sin embargo, algunos de sus hijos fueron concebidos por sus siervas, lo que nos estaba señalando que muchos hijos de Israel iban a nacer en tiempos de cautiverio.
Los hijos de Israel, que bajo los cuidados de Jehová tuvieron todo para ser libres, prósperos y bienaventurados, por causa de su rebelión contra el Señor, cayeron en desgracia, y terminaron divididos, hechos cautivos y dispersados. Cuando Israel fue dividido en dos, las tribus de Judá y Benjamín, más los levitas, quedaron en lo que se llamó Reino de Judá; el resto de las tribus quedó en el Reino de Israel; sin embargo, de las diez tribus que quedaron en el norte, muchas familias se pasaron al reino de Judá cuando vieron la perversión del reino de Israel; así que el reino del Sur reunía gente de todas las tribus, aunque, está claro, mayoritariamente eran de Judá, Benjamín y levitas. (Entre las diez tribus que quedaron al norte se cuentan las de Manasés y Efraín, hijos de José, como dos tribus, como si fueran hijos de Jacob). Sobre el destino de las tribus que formaban el reino de Israel, o del norte, luego de la deportación, no se tiene información confiable, pues, terminaron dispersados por todo el mundo, y su linaje acabó mezclándose con el de los pueblos a los que llegaron, cumpliéndose así la profecía de Jacob, cuando dijo sobre Efraín que "su descendencia dará origen a muchas naciones" (Gn 48:17-19). En cuanto a los del reino del sur, éstos fueron deportados a Babilonia, donde vivieron cautivos por setenta años. Debido a que el remanente que regresó a Jerusalén era del reino de Judá, se comenzó a llamar "judíos" a los descendientes de Abraham.
"La salvación viene de los judíos" (Jn 4:22), dijo el Señor, "de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas" (Ro 9:4-5), declaró Pablo. No obstante, no hay que confundirse: la salvación no es por cumplir la Ley, pues, somos salvos sólo por la fe en el Hijo de Dios.
Judíos, primeramente, dicen las Escrituras ("cabeza y no cola"; no al final, como insisten algunos). Es decir, se debía llamar a los judíos a la salvación antes que al resto de las naciones. Los doce apóstoles, y los primeros discípulos de Jesús fueron judíos, y los primeros en ser salvos fueron judíos, pues, fueron los primeros en recibir el Espíritu Santo, que es la garantía de salvación y vida eterna, (lo que en el capítulo que estamos estudiando se representa por los escuadrones de Judá y de Rubén, más los levitas). Si ponemos atención a la lectura del libro de Hechos, podemos ver claramente que los primeros capítulos de ese libro hablan sólo de la conversión de hijos de Israel.
Después, cuando se empezó a predicar el evangelio a los gentiles, comenzaron a recibir el Espíritu Santo tanto gentiles como judíos, representados por el escuadrón de Efraín, (recordemos que Efraín nació en Egipto, hijo de José con su esposa egipcia, una extranjera, lo que habla de una descendencia a partir de la unión de judíos y gentiles). Este escuadrón incluye a los de Manasés, primer hijo de José, y a los de Benjamín, el hijo que nació de Raquel moribunda, poco después que Jehová confirmó su pacto con Jacob, y lo llamó Israel, lo que señalaba el nacimiento de los hijos del nuevo pacto, cuando el sistema levítico llegara a su fin.
Las Escrituras dicen que Jehová no ha desechado a su pueblo, y aunque muchos han sido endurecidos para que no les alumbre la luz del evangelio, Dios se reservó un remanente judío al que está llamando ahora por medio de Jesucristo, porque Él "es nuestra paz. De dos pueblos (gentiles y judíos) hizo uno solo, al derribar la pared intermedia de separación y al abolir en su propio cuerpo las enemistades. Él puso fin a la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, una nueva humanidad, haciendo la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un solo cuerpo mediante la cruz, sobre la cual puso fin a las enemistades" (Ef 2:14-16 RVC).
Por último, el escuadrón de Dan simboliza lo que ya habíamos declarado: que todos, tanto judíos como gentiles, si no tenemos a Cristo, estamos en igualdad de condiciones, siendo esclavos del pecado, y por tanto, destituidos de la gloria de Dios. Mas ahora, estamos siendo llamados, por medio de la predicación del evangelio de Jesucristo, al arrepentimiento y a creer en Jesús, nuestro Mesías Redentor, para que seamos investidos de la ciudadanía celestial, y recibamos la promesa de la vida eterna.
Cuando estaban por partir, Moisés invitó a Hobab, su cuñado, para que fuera con ellos, ya que él era conocedor de los lugares donde habrían de acampar en el desierto camino a Canaán. Hobab no aceptó la invitación, pues, su intención era volver a su tierra y a su familia, pero Moisés insistió, prometiéndole compartir con él las bendiciones que Jehová iba a dar a Israel. Así se inició un viaje de tres días, guiados por el Arca del Pacto, que marchaba frente a ellos, para buscarles un lugar de descanso. Y la nube de Jehová iba sobre ellos. Cada vez que el Arca se ponía en marcha, Moisés decía: "Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen". Y cuando el arca se detenía, Moisés decía: "Vuelve, oh Jehová, a los millares de millares de Israel" (10:29-36).
* No pocos se han preguntado qué impulsó a Moisés a pedir ayuda a su cuñado, cuando sabemos que Jehová los guiaba por la nube. Quizás lo hizo porque, si bien la nube los guiaba hacia su destino, y les señalaba dónde acampar, Moisés requería de alguien que, por su experiencia, pudiera proporcionarles datos prácticos sobre los lugares por donde iban a peregrinar y donde iban a acampar, de manera de tomar resguardos ante amenazas conocidas, como animales salvajes o pueblos poco amistosos, o para proveerse de agua en el camino, etc.
En cuanto a si Hobab cambió de opinión, no lo sabemos con certeza, pero, de acuerdo con lo que leemos más adelante en las Escrituras, al parecer sí fue con ellos, pues, en Jueces se dice que los descendientes del suegro de Moisés, a los cuales identifica como "ceneos" o "quenitas" (dependiendo de la versión) acompañaban a los de Judá mientras tomaban posesión de las tierras de Canaán; y más adelante, en 1 Samuel, vemos al rey Saúl aconsejando a los ceneos, quienes mostraron misericordia con Israel cuando subían de Egipto, salir de en medio de los amalecitas, para que no fueran destruidos junto con ellos.
** ¿Qué significado tienen las palabras que Moisés expresaba cuando el arca se movía y cuando ésta se detenía? Expresiones similares encontramos, entre otros, en los siguientes versículos:
- "Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, Tú y el arca de tu poder. Tus sacerdotes se vistan de justicia, y se regocijen tus santos. Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro" (Sal 132:8.10);
- "Oh Jehová Dios, levántate ahora para habitar en tu reposo, tú y el arca de tu poder; oh Jehová Dios, sean vestidos de salvación tus sacerdotes, y tus santos se regocijen en tu bondad. Jehová Dios, no rechaces a tu ungido; acuérdate de tus misericordias para con David tu siervo" (2Cr 6:41-42);
- "Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años en que vimos el mal. Aparezca en tus siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros, y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos confirma" (2Cr 90:13-17)
Al parecer, el arca se movía cuando Israel confiaba en su Dios y obedecía, entonces, Jehová los conducía por el desierto, y los libraba de sus enemigos mientras avanzaban hacia la tierra prometida. Por el contrario, el arca dejaba de avanzar cuando Israel se rebelaba, pues esa petición "Vuelve, oh Jehová, a los millares de millares de Israel" tendría que ver con la intercesión de Moisés por Israel, rogando al Señor no rechazar al pueblo de dura cerviz, sino tener misericordia, y volver su rostro hacia él.